Brasil y Argentina emergen como destinos clave para el capital global. Con la segunda mayor reserva mundial y un potencial de 3.3 millones de toneladas respectivamente, la región busca romper la concentración del suministro liderada por China.
Sudamérica ha dejado de ser solo el epicentro del cobre y el litio para posicionarse como un actor determinante en el mercado de tierras raras. Estos insumos son críticos para la fabricación de imanes permanentes en turbinas eólicas y motores de vehículos eléctricos. En consecuencia, ante una demanda al alza y cadenas de suministro altamente concentradas, la región aparece como la pieza faltante para la seguridad energética global.
El dominio de China y la urgencia de diversificar
En 2024, la oferta mundial alcanzó las 380,000 toneladas, donde China mantuvo un dominio abrumador con el 71% de la producción. Por el contrario, Estados Unidos registró 45,000 toneladas, seguido por Australia y Tailandia con 13,000 cada uno.
Proyecciones de demanda (IEA) hacia 2050:
- Minerales clave: Neodimio, disprosio, praseodimio y terbio.
- Impulsores: Electromovilidad y energía eólica.
- Crecimiento: En 2024, mientras el litio saltó un 30%, las tierras raras avanzaron entre un 6% y 8%, con una tendencia de aceleración exponencial.
Brasil y Argentina: Los nuevos gigantes del sector
La región alberga depósitos de clase mundial que aún esperan ser plenamente desarrollados. Efectivamente, la brecha entre reservas y producción actual representa una oportunidad de inversión sin precedentes:
- Brasil: Posee la segunda reserva mundial. En el estado de Bahía (Monte Alto), pruebas recientes reportaron leyes excepcionales de hasta 45.7% de óxidos de tierras raras.
- Argentina: Contabiliza 190,000 toneladas identificadas y un potencial de 3.3 millones de toneladas en provincias como San Luis, Río Negro y Salta.
Asimismo, este potencial se suma a la hegemonía regional en otros metales: Chile y Perú lideran en cobre, mientras que el Triángulo del Litio (Bolivia, Argentina y Chile) concentra el 65% de las reservas mundiales de dicho metal.
De la exportación de concentrados al valor agregado
Juan Carlos Mejía, socio de auditoría y líder de ENR en KPMG en Perú, sostiene que la región debe evolucionar en la cadena de valor. De hecho, el desafío es transitar desde la extracción primaria hacia la generación de componentes esenciales para la electrónica avanzada.
“Es una oportunidad de inversión alineada con los avances tecnológicos, que impulsa la competitividad y la generación de empleo calificado”, afirma Mejía.
Por lo tanto, para capturar el máximo valor, Sudamérica debe cumplir tres ejes estratégicos:
- Exploración responsable: Incorporar altos estándares ambientales.
- Procesamiento en origen: Instalar plantas de refinación locales.
- Economía circular: Promover el reciclaje de componentes tecnológicos.
Finalmente, el paso inmediato es transformar este potencial geológico en proyectos concretos. Solo así se podrá conectar a Perú y Sudamérica con la nueva economía de la energía limpia, atrayendo inversión sostenida y creando bienestar en las comunidades locales.

















